Sección Medios

La doble discriminación de Corea

- Su medio millar de pisos son una islote de marginalidad en el barrio de Camp Redó y en la capital balear
- Hace 10 años que se aprobó el fracasado plan de reforma integral

Corea es uno de los pocos barrios de Palma cuya degradación sociourbanística se vive en un doble plano: dentro del área palmesana de Camp Redó y en la propia capital balear. Una isla de marginalidad cuya recuperación no entra en los planes de un equipo de gobierno como el del Ayuntamiento de Palma que hace dos años procedió a cortar el alumbrado público de esta colmena de medio millar de fincas construidas al albur del desarrollismo turístico de los años cincuenta del siglo pasado.

Este año se cumple una década perdida para el barrio después de que el Consorcio RIBA bajo el gobierno de coalición de socialistas y nacionalistas (del mismo color político que el actual) anunciara el desarrollo del fracasado plan de rehabilitación integral conocido cono Iniciativa Urbana Camp Redó con la cofinanciación de la Concejalía de Vivienda del Ayuntamiento de Palma y los Fondos Europeos de Desarrollo Estructural (FEDER).

Una actuación que tenía como objetivo «la rehabilitación y regeneración del barrio muy especialmente la zona de las viviendas sociales» y que no pasó de ser un manual político de buenas intenciones convertido en papel mojado. Y ello, pese a que era una propuesta que no se reducía a una intervención urbanística, sino que apostaba «firmemente por los bordes económico, tecnológico, laboral y social», como Cort anunció por aquel entonces.

Pero poco provecho sacó de aquello un barrio sumido en una profunda depresión, después de que el Consistorio palmesano con fondos propios y europeos invirtiera más de 5 millones de euros. En concreto el proyecto de Iniciativa Urbana Palma-Camp Redó estaba presupuestado en 5.858.242 euros de los que las subvenciones europeas alcanzaban 2.949.121.

Entre los proyectos que incluía figuraba «la creación de espacios para la prevención de situaciones de riesgo social; la puesta en marcha del programa de promoción del buen trato a la infancia y adolescencia para la prevención de malos tratos a la infancia; provisión de servicios integrales a la mujer inmigrante y su familia; servicio de atención a niños de O a 3 años; el apoyo a proyectos como Ferreret de la Asociación de Vecinos del Camp Redó, o como Espais Familiars.

Además el Consistorio anunciaba a bombo y platillo que iba a «colaborar» con el Área de Igualdad y el Instituto de la Mujer, con la Consellería de Educación, la Regiduría de Juventud, la de Educación y con otras entidades y servicios para abordar en «red» la problemática de jóvenes que cursan la ESO. Puro canto de sirenas que incluso apuntaba a la «creación un servicio de apoyo e integración de los jóvenes inmigrantes recién llegados; un programa de asesoramiento y dinamización empresarial: promoción, sensibilización, animación junto a acciones de información de las ayudas y subvenciones; fuentes de financiación, apoyo técnico y administrativo a las empresas; ayudas económicas y asesoramiento para la creación de empresas; programa de concienciación para el autoempleo o la posibilidad de ofrecer un espacio integral que ponga a su disposición todos los recursos formativos, materiales y humanos necesarios» además de la rehabilitación de los vetustos bloques de vivienda de los que solo se llegó a materializar uno de ellos, y a duras penas, tras múltiples denuncias vecinales por incumplimientos de lo prometido.

Nada de aquello se hizo realidad en un barrio que se ha convertido en un islote de marginalidad en la capital balear sin que las administraciones muevan un dedo para hacer frente al desaguisado. Baste indicar para dar cuenta del estancamiento en el pozo de la marginalidad que padece la zona, la propuesta que el principal partido de la oposición (PP) presentará en el pleno de esta semana de Cort.

En la misma (la enésima sobre la zona) se exige al gobierno de coalición de socialistas, nacionalistas y Podemos que en el plazo de dos meses «se establezcan las bases que deben definir la solución urbanística definitiva», del barrio, debiendo ser las mismas elaboradas conjuntamente por consenso entre toda la Corporación municipal y los técnicos municipales pertinentes.

«Una vez definidas las bases del punto anterior» se indica, «se deberá proceder a la convocatoria del concurso de ordenación urbanística» y «a la tramitación del Plan Especial de ordenación de Camp Redó recogiendo las bases y la solución del proyecto ganador del concurso de ordenación urbanística».

Mientras se llevan a cabo estas medidas, proveer «los principales servicios municipales (limpieza, seguridad y alumbrado) a la zona de Camp Redó». Algo que el portavoz vecinal, Víctor Blázquez, duda que sea una realidad. «La exclusión que padecemos es una realidad y cualquiera que se pasee por aquí lo comprobará. No queremos promesas, exigimos que las cumplan».

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Este proyecto de “Gestión integral de alumbrado exterior y de mejora de la eficiencia energética de las infraestructuras públicas” está cofinanciado en un 50% con cargo al Programa Operativo FEDER 2014-2020 de las Illes Balears.


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